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8/4/2008 Crónica Festival Vía de la Plata (Mérida) [11/7/2008] Fueron pocos días antes cuando confirmamos el tirarnos la aventura de ir a Mérida para presenciar el Festival Vía de la Plata, un festival que por el cartel (Iron Maiden, Barón Rojo, Slayer, Iced Earth, Avenged Sevenfold, Rose Tattoo, Lauren Harris y Ra) tenía todas las papeletas para ser un festival memorable, contando solamente con Iron Maiden, Slayer y Barón Rojo en el cartel, el espectáculo estaba asegurado, salvo imprevistos de fuerza mayor, como ocurriera días después en los festivales Monsters of Rock y Metalway de Zaragoza. Afortunadamente, decidimos que iríamos a Mérida, que nos cogía más cerca. Fueron solo unos días antes, cuando una casual visita a Carrefour me recordó que allí también se vendían las entradas para el festival. No era lo que yo tenía pensado, pues pensaba ir al Fnac de Sevilla a buscar las entradas, y el reloj nos apretaba la hora en el culo cuando recordé que no hacía falta salir de Carrefour. Cuando nos dirigimos a la agencia de viajes de Carrefour, al principio dudé un poco de la posibilidad de encontrar las entradas allí, porque francamente, una agencia de viajes con folletos de viajes a Egipto, Turquía, París, Moscú o Cancún, donde solo se veían carteles publicitarios de Halcón Viajes o Viajes Iberia, y donde nos atendía una señorita muy formal con su traje de secretaria, la verdad, no esperaba encontrar una entrada para un festival de Heavy Metal. Bueno, decidí aventurarme y preguntarle si ahí se vendían entradas para el Festival Vía de la Plata, estuve por un momento con cara de incrédulo esperando un rotundo "NO", pero no, la señorita me confirmó que sí se vendían y accedió muy amablemente a sacarme las entradas. Está visto que las apariencias no son más que eso, apariencias. Yo esperaba que el que me vendiese la entrada fuese un tío con melena y barbudo, ataviado con una chupa vaquera o de cuero, y llevando debajo de ella una camiseta de Iron Maiden, Metallica, Slayer o Megadeth... pero bueno, la señorita tampoco estuvo mal. Con lo que ya no hubo tanta suerte fue con el alojamiento. La señorita nos informó de que todos los hoteles que ellos llevaban estaban completos desde hace semanas justamente para los días que ibamos a estar allí (del 10 al 12 de Julio), por lo que no quedaba otra que buscarse las habichuelas por cuenta propia. Y así empezamos a hacer uso de Google, buscando hoteles y hostales por Mérida y alrededores. Primero se probó con los hostales dentro de la propia Mérida, pero tras llamar a 5 hostales diferentes, me dijeron que en Mérida no encontraría nada, que en esos días está todo completo y que probara en los pueblos de alrededor. Hicimos una nueva búsqueda y encontramos unos cuantos hostales más con los que probar, por supuesto, teniendo preferencia los pueblos que estuviesen más cerca... No había una miserable habitación en ningún sitio, hasta que ví la luz cuando en uno me dijeron "espere un momento" en vez de aquello de "lo siento, está todo completo". Y al final hubo suerte, teníamos 2 habitaciones en el Hostal Andrés, en Montijo, un pueblo situado a 26 km de Mérida. Era mucho mejor recorrer 26 km más que (intentar) dormir en el coche, y con más razón si se quería estar allí el día antes. Ya estaba todo atado (aparentemente) y solo nos quedaba salir. Así, nos echamos la manta a la cabeza y el día 10 de Julio a eso de las 20:00 cogimos la autovía Sevilla-Mérida, donde vimos kilómetros y kilómetros de campo, nos tragamos el disco entero Réquiem de Stravaganzza, hubo charla y algún que otro rato de silencio, hasta que aproximadamente a las 21:45 entramos en Mérida, después de haber recorrido casi 200 km. Después de hora y 45 minutos de carretera ininterrumpida, el estómago pedía combustible, así que lo primero que hicimos fue parar a cenar. Después, venía la segunda aventura. Solo había estado 2 veces antes en Mérida en mi vida, la primera hace 11 años y la segunda hacía más de 6, en otras palabras, no tenía ni puta idea de a dónde ir. Lo mejor que se me ocurrió fue dar vueltas por Mérida hasta que encontrase alguna señal de tráfico que señalizara hacia Montijo, no la encontré, pero sí que encontré a 2 policías que me indicaron cómo llegar a Montijo. Así en unos 20 minutos aproximadamente llegamos a Montijo, un pueblo que por lo rural que era se parecía bastante a Umbrete. Y en un pueblo rural, a las 23:30 de la noche, ya no suele haber mucha gente en la calle, se veía algún que otro bar abierto con 4 viejos tomándose un vinito, no había tráfico prácticamente, por lo que podía parar en mitad de la calle sin problemas. La situación que menos me gustaba, aparte de no saber a dónde ir, era cuando preguntaba a los lugareños por el Hostal Andrés, ya que muchos no tenían ni idea de su existencia, así que lo mejor fue preguntar en dónde quedaba la calle que buscábamos. A trancas y barrancas, llegamos hasta otro bar, donde volvimos a preguntar, y donde tampoco sabían nada. Me empezaba a poner nervioso, en mi mente se formaba la imagen de un antro de mala muerte situado en el rincón donde nadie espera, alejado de la civilización. Llegué incluso a pensar que dormiríamos entre cerdos y gallinas Pues lejos de lo que pensaba, resultó que al volver la esquina del último bar en el que preguntamos se encontraba la calle que buscábamos, y al mirar un poco más adelante allí estaba: Hostal Andrés. Lo que aún me sigo preguntando es cómo carajo los del último bar no tenían ni idea de la existencia del Hostal Andrés... si lo tenían en la calle de al lado!!! Pues fin de trayecto. Lo único que faltaba era cerciorarse de que era el lugar que buscábamos, así que pregunté por un par de habitaciones que tenía reservadas, y fue cuando el chaval que estaba allí viendo la tele me dijo: "Ya pensé que no venían, que se habían perdido". Lo siguiente fue bajar las maletas del coche, subir a las habitaciones y descansar. Por cierto, lejos de ser un gallinero como llegamos a pensar, el hostal estaba de puta madre, un poco escondido, pero las habitaciones eran amplias, con un par de camas cada una, un buen cuarto de baño, televisión y aire acondicionado!! Además de que estaba todo muy limpio. Mucho mejor de lo que esperábamos. Al día siguiente, nos levantamos a las 11:30 a desayunar, y llegamos a Mérida sobre las 13:00. Hubo que callejear un poco por Mérida, porque tampoco sabía dónde leches quedaba el albergue juvenil donde tendría lugar el gran acto, hasta que me harté y pregunté a un chaval que me dijo que el albergue estaba bastante lejos de donde nos encontrábamos, a las afueras, en un polígono industrial. Así que seguí como pude sus indicaciones, hasta que ví la señalización que nos dirigía al polígono industrial 'El Prado'. Seguimos hasta allí, y fue cuando empezamos a ver más gente, empezaron a verse las colas de coches, la policía regulando el tráfico, y las tropas de melenudos, no había dudas, ¡habíamos llegado! Pues aparqué donde me indicó la policía, y comprobé al bajar del coche que el sol de Mérida no es muy diferente del sol de Sevilla. Caminamos hacia delante, siguiendo a la gente, cual rebaño de ovejas, pero tras unos minutos caminando nos dimos cuenta de que aparcamos bastante lejos del albergue (todavía no me lo imaginaba)... Así, en medio del caminar, vimos un restaurante del que no paraba de entrar y salir gente, sobre todo melenudos, por lo que estaba claro, que casi todo el mundo iba allí a repostar. Entramos, porque ya era hora de almorzar, y había que tener energías para aguantar un festival que iba a durar muchas horas. Después de un agradecido almuerzo, a eso de las 15:30 más o menos, empezamos a caminar en busca del albergue juvenil bajo un sol de justicia, en mi mente veía el albergue como un jodido oasis en el desierto. Caminamos durante un rato, o eso es lo que me pareció a mí, porque el polígono industrial ya se había quedado atrás, y habíamos empezado a caminar por en medio del campo. Ya se escuchaba música a lo lejos, pero aún no se veía el recinto. Después de unos minutos más, con el río Guadiana como vecino, ya se visualizaba el enorme escenario que habría de albergar un festival apoteósico. En el momento en que nos acercábamos al recinto, tocaba Lauren Harris, la hija de Steve Harris, el famoso bajista y compositor de Iron Maiden. Nos habíamos perdido por la imperiosa necesidad de comer al primer grupo, Ra, que según los que los vieron, eran buenos y dieron un muy buen concierto. Lástima la hora que les tocó. Al llegar a la puerta del recinto, entrada en mano, un guardia de seguridad nos aclaró que debíamos canjear la entrada por una pulsera, para poder entrar y salir durante el resto del día, lo malo es que la taquilla para canjearla quedaba como a unos 200 o 300 metros de la puerta, así que por si aún no habíamos caminado suficiente, nos tocó volver a la taquilla, que joder! ya podrían haberla puesto más cerca de la puerta! Seguro que a más de uno le pasó lo mismo. Bueno, pues para cuando ya teníamos nuestras pulseras, y por fin entramos, acababa de terminar el concierto de Lauren Harris, a la que estuvimos todo el tiempo de camino escuchando de fondo. Ya dentro nos reunimos con unos colegas, y buscamos el mínimo hueco de sombra donde posarnos. La verdad es que aún nos quedaban unas cuantas horas de sol, y pegaba realmente fuerte sobre la explanada del recinto. Después de un rato conseguimos sombra debajo de unos árboles, de donde nos costó despegarnos hasta bastante después. Mientras nos sacudíamos como podíamos el calor, empezaron a tocar Rose Tattoo, un grupo australiano totalmente desconocidos para mí, aunque por lo visto ya llevan una larga trayectoria. Como no tenía la sensación de estar perdiéndome nada del otro mundo, y dado la fuerza con la que se había levantado Lorenzo, era mejor idea seguir a la sombra, ir por unas bebidas, y escuchar a Rose Tattoo desde nuestras posiciones, desde donde se escuchaba bastante bien. Así seguimos hasta que salieron Avenged Sevenfold al escenario. El sol aún pegaba fuerte, pero por suerte, ya había una zona en la que el enorme escenario hacía sombra, nos colamos por ahí y pudimos ver y escuchar realmente bien a la banda californiana. Fue un concierto en el que estuvieron todos muy enérgicos, hubo sobre todo repercusión de los temas de su último disco. En fin, durante una hora, Avenged Sevenfold se desgañitaron con un potente y melódico Heavy Metal ante los ya numerosos seguidores. Buen concierto. Llegaba el turno de volver a la sombra, a la espera de que aparecieran Iced Earth. No tardaron mucho, así que no nos dio tiempo a acomodarnos. Y allí salieron Iced Earth, con un Matt Barlow que estuvo enorme en su vuelta. Pero, aunque el concierto de Iced Earth estuvo aceptable, he de decir que también estuvieron bastante repetitivos, por momentos parecía que todas las canciones fuesen iguales, mucha tralla, sí, pero demasiada monotonía, lo que hizo que el concierto de Iced Earth no estuviera al nivel de lo esperado, estuvo un pelín aburrido. Pues habían sido más de 2 horas de pie, gritando y saltando. Así que, aunque después me pesó, decidimos que a Slayer los veríamos sentados bajo los árboles que llevaban toda la tarde resguardándonos. Y así fue. 2 horas ininterrumpidas cansan, y después venía el plato fuerte de la noche, así que había que ahorrar energías y descansar un poco. Mientras tanto, escuchamos a Slayer por primera vez en directo, que sonaban de forma increíble, con una fuerza desgarradora, con una potencia descomunal. Vamos, que hubiese valido la pena pagar la entrada solo para escuchar a Slayer. De hecho, de ellos son los únicos videos que grabé sin estar realmente viéndolos, tenía que traerme un recuerdo de su concierto. Terminaron Slayer, el momento cumbre se acercaba y se notaba en la mucho mayor afluencia de público. La gente empezaba a abarrotar el recinto, mientras, como si la cosa no tuviera nada que ver con nosotros, salimos a comprar unos bocadillos, entre otras cosas, porque Iron Maiden tocarían al menos 2 horas y era mejor afrontarlo con el estómago lleno. Corrían las 10 de la noche pasadas, la gente empezaba a gritar cuando el escenario empezó a oscurecerse, mientras nosotros intentábamos comprar nuestros bocadillos a toda leche. Se rumoreaba que Iron Maiden empezarían a las 22:30, pero se encargaron de desmentirlo cuando dieron comienzo al espectáculo mientras comprábamos nuestros bocadillos fuera. Aces High era el primer trallazo de los Maiden para empezar. Dos pantallas gigantes a los lados del escenario fueron una decisión muy acertada para los que no pudieron estar en primera fila. La calidad de la imagen y el sonido eran impresionantes. Después de casi atragantarnos con los bocadillos, entramos y lo que antes era fácil, llegar a situarnos cerca del escenario, ahora se convertía en una misión imposible. El albergue estaba completamente abarrotado, la gente estaba eufórica, y los Iron Maiden más en forma que nunca, brindando un espectáculo inigualable. Así cayeron los temas más insignes que han hecho de Iron Maiden la banda más grande de la historia del Heavy Metal: The Trooper, Run to the hills, Powerslave, Can I play with madness, Fear of the dark, la esperadísima The number of the beast, o la mítica Iron Maiden, todo mientras hacían disfrutar al público con una enorme e impresionante escenografía, y de un espectáculo de llamas y fuegos artificiales que pocos podrán olvidar. Con cada tema se iban sucediendo distintos fondos de escenario, y distintos uniformes para un Bruce Dickinson por el que no pasan los años. El momento álgido de la noche llegó con el tema Iron Maiden, en el que aparecía en el fondo del escenario la esfinge con la cara de Eddie, aquella que se podía ver en la portada del disco Powerslave, cuando a mitad del tema la esfinge se abrió por el centro, de donde salió el mismísimo Eddie momificado. El espectáculo estaba siendo enorme, y valía la pena recorrer 200 km, 500 o 1000 para presenciar un concierto como este de los Iron Maiden. El último tema de Iron Maiden en esta gran noche fue Hallowed be thy name, que puso colofón final a un concierto que pasará a la posteridad por la espectacularidad de una escenografía sin igual y una selección de los temas más famosos de Iron Maiden para este Somewhere back in time World Tour. Aquí terminaba la primera parada en España de Iron Maiden en esta gira que les llevará a recorrer el mundo de cabo a rabo. Al menos, para los que veíamos a Iron Maiden por primera vez (aunque lleven tocando 30 años), este concierto fue lo más espectacular nunca vivido. Pero en contra de lo que cualquiera pudiera pensar, los Maiden no cerraron el festival, sino que iban a ser los tan veteranos como los Maiden, pero esta vez de nuestra tierra, Barón Rojo, los que pondrían la guinda a este gran festival. Tras casi una hora de descanso, hicieron aparición Barón Rojo, a los que pude ver desde mucho más cerca. Podría pensarse que la presencia de público cayó al terminar Iron Maiden, pero lo cierto es que la mayoría aguantaron y se quedaron para ver a los grandes de nuestra tierra. Como no podía ser de otra forma, cayeron muchos de los temas que han hecho de Barón Rojo lo que son, aquellos temas que les catapultaron en los años 80: Barón Rojo, Concierto para ellos, o Cuerdas de acero, que fue cantada por todos los presentes en una enorme actuación. Pero lo mejor fue cuando empezaron a tocar el famoso Los rockeros van al Infierno, en lo que se convirtió en el mejor tema de la noche, al mezclar en medio de él, dos de los temas más ilustres del Rock como son Smoke on the water de Led Zeppelin, y Highway to Hell de AC/DC, haciendo saltar y gritar con todas sus fuerzas a los miles de rockeros allí congregados. También pudimos ver a los hermanos De Castro deleitarnos con la magia de sus guitarras, y a su nuevo batería reventar los bombos. Ellos le dieron un delicioso final a este Festival Vía de la Plata, que de seguro no será olvidado por nadie de los que estuvieron presentes. Gran festival y enormes las bandas. Aquí terminó un día increíble. Después nos tocó pegarnos de nuevo la caminata hasta el coche, con un dolor en todo lo que había de muslos para abajo que se queda uno flipado, pero valió la pena, y la verdad es que hasta se hizo más corto el camino de vuelta. Este festival me ha enamorado, y si en los próximos años sigue celebrándose, yo de seguro me apunto. Un festival de tamaño espectáculo vale la pena revivirlo por muchos años. Al ver festivales como este, a uno le viene a la cabeza eso de "qué grande es el Heavy Metal", que ya no solo mueve a las personas de aquí, si no a las del mundo entero, y las une en pos del sonido que nos hace temblar. LARGA VIDA AL FESTIVAL VÍA DE LA PLATA!! LARGA VIDA AL HEAVY METAL!! |
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